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Me quedé sin respiración y lleno de extrañeza. ¿Cómo osaba hacer una cosa así aquel viejo? El hombre me agarró firmemente el pene, que ya estaba comenzando a palpitar. Le pregunté con un susurro qué hacía y por toda respuesta, comenzó a dar masaje a mi miembro. Yo, en vez de quitarme, que es lo que mi cabeza me dictaba, me quedé quieto, sintiendo aquella mano sobar mi verga, mientras que con la mano izquierda, me frotaba el culo.