fotos_de_sexo_gay

Apenas llamé a la puerta, el hombre abrió. Era un hombre de unos 60 años, bastante obeso, calvo y maloliente, un tipo que daba asco nada más verlo. Vestía una camisa que no se sabía si era gris o beige, abierta a la altura del ombligo, porque ya no le cerraba y de los botones de arriba salían unos pelos canosos largos que daban grima.